Martina Vidret

Las malas, novela de Camila Sosa Villada publicada en 2019, cuenta en 2021 con sus versiones en croata, francés, noruego y alemán, y está en proceso de publicación en inglés, portugués e italiano. El furor por este libro empieza a perfilarlo como clásico contemporáneo y su recorrido por el mundo es solo una parte de lo que le espera. Para conocer las distintas experiencias de traducción, charlé con Paola Lucantis (editora de TusQuets), Svenja Becker (traductora al alemán), Kit Maude (traductor al inglés), Signe Prøis (traductora al noruego), Joca Reiners Terron (traductor al portugués) y Nikolina Zidek (traductora al croata). 

¿Cómo fue el proceso de encontrar a los traductores para la novela?

Paola Lucantis: Las malas no es una novela que explotara comercialmente desde un comienzo. Salió en 2019 y, si bien tuvo muy buena repercusión, fue ganando un espacio, sobre todo, en el boca a boca. Tuvo buena prensa, pero fue de a poco. Tímidamente, fue ingresando en Latinoamérica, en Chile, en Uruguay, y creció la cantidad de  lectores. Las primeras traducciones que aparecieron fueron la croata y la noruega. Después, en 2020, sí hubo un movimiento. La novela empezó a tener más alcance y ahí apareció Métailié para la traducción francesa y Suhrkamp para la alemana. Por supuesto, el Premio Sor Juana de la Cruz le dio otra visibilidad, y a partir de eso nos escribieron de todas partes. 

¿Qué título eligieron? 

Signe Prøis: Slemme piker. Piker es una forma de decir “niña” o “chica”. Slemme piker tiene un doble sentido: son niñas malas, en el sentido de malignas, o malas, en el sentido de no correctas. Es el afán de ellas de llegar a ser mujeres, así como todas las demás. La lucha por esa identidad, por esa aceptación. 

Kit Maude: Está por determinarse. Es el departamento de Marketing el que lo determina. Yo quiero que quede como está: Las malas. La traducción más obvia sería “Bad women”, que es horrible, o “Bad girls”. Funciona “Bad girls”, pero hay muchas cosas que se llaman así. No sería un problema, pero se confundiría, te aparecerían muchas cosas en Google si buscás eso. Yo creo que los lectores angloparlantes están listos para entender que Las malas es “las malas” en castellano. 

Joca Reiners Terron: O parque das irmãs magníficas. Es un título que viene de la editorial. Mi idea inicial para la traducción era “As perversas”. “As malvadas” podría ser una opción, pero es muy infantil. Mi propuesta final fue As esquecidas, las olvidadas. Aparece en la última parte del libro. El libro es todo un memorial de estas travestis, las que desaparecieron de la historia, del mapa. 

Nikolina Zidek: Loše djevojke. En croata sería “chicas malas”. En castellano, se pone solo el adjetivo con el artículo para obtener el sustantivo, y en croata eso no funciona; además, consideramos importante insistir en el género femenino y en el hecho de que son chicas.

Hay muchas palabras que, más allá de que admitan traducción, son muy coloquiales: yegua, gentuza, usté. ¿Cómo es la experiencia de traducción en estos casos? 

Svenja Becker: Por lo general, no traducís realmente palabras, sino el tono, o párrafos, o el sonido de un diálogo, o el gesto de un diálogo. No es en la palabra puntual donde está realmente el sabor del texto, sino en la estructura. La palabra que más me causó problemas en alemán era “chongo”. Hay hombres de ciertas categorías: clientes, amigos, chongos. Los chongos son los más deseados. ¿Qué tipo de hombre es un chongo o se merece el título de chongo? Eso fue un poco… Se lo pregunté a Camila varias veces para averiguarlo realmente o para tenerlo en claro. Me respondió que un chongo es un macho bien macho, el cliché de hombre viril, y claro: heterosexual. Además, en alemán no tenemos una palabra para la travesti. Lo traduje como “mujer trans”, pero no es una palabra coloquial, me hubiese gustado tener una. Este es un texto que hay que traducirlo en quince años de nuevo, cuando haya una palabra. 

Signe Prøis: Para mí, lo de coloquial no fue lo más difícil, sino elegir las palabras dentro de la terminología trans. Por un lado, por tener lo correcto, por encontrar una alternativa noruega correcta, y por otro, porque hay terminologías que se consideran degradantes, en un sentido de lo que no es políticamente correcto decir. Hablé mucho con gente trans o gay acá, como para expandir mi vocabulario un poco. En noruego tenemos la palabra “transvestitt”, pero no es lo mismo. Un “transvestitt” sería un hombre que se viste de mujer, pero vive como hombre. Su vida familiar es como hombre. Terminé usando “travesti”. Es una forma de introducirla, a ver si podemos contribuir de esa manera.

Nikolina Zidek: Lo coloquial no fue tanto problema dado que durante más de quince años viví en la Argentina, y sí tiene traducción, por lo menos aproximada, en croata. Otra cosa es traducir las palabras que todavía no existen en el idioma de destino. Por ejemplo “las travestis”, que en castellano fue fácil cambiar de género con tan solo cambiar el artículo, pero en croata, que no tiene los artículos, había que inventar una palabra nueva, todavía no existente en el idioma. Y eso es lo que hace divertida la profesión de traductor: exige creatividad. Fue más complejo y más desafiante traducir algunos giros o jerga del grupo. Por ejemplo, el párrafo donde explica todos los apodos que les dan: “Somos los manija, los sobabultos, los chupavergas, los bombacha con olor a huevo, los travesaños, los trabucos, los calefones, los Osvaldo cuando mucho, los Raúles cuando menos, los sidosos, los enfermos, eso somos”. Además de encontrar una serie de términos locales, ahí el desafío fue traducir “los Osvaldo cuando mucho, los Raúles cuando menos”.

Kit Maude: Hay pocas novelas que no tengan algo idiomático, que no tengan algo local. Una buena novela tiene que jugar con el lenguaje, si no, ¿para qué estás escribiendo? Hay traductores que trabajan usando coloquialismos de otras partes del mundo. Para mí, es un horror, un anacronismo total. Pero el inglés tiene el beneficio de tener siempre cinco distintas opciones, o más, para cada palabra. “Chongo” lo dejé en español porque no encontraba otra palabra. Además, es una palabra perfecta: se entiende perfecto que no es boyfriend ni fuckbuddy. Creo que los lectores angloparlantes están dispuestos a entender qué es un chongo. Mi deseo es que entre en la lengua inglesa, que la gente empiece a hablar de sus chongos. Me encantaría ver eso. No sé si es demasiado ambicioso, pero me encantaría escuchar la tele en unos años y escuchar You don’t know what my chongo did last night. Es boyfriend con el entendimiento de que no es permanente. Tiene esa cosa precaria que recorre todo el libro. Es una poesía de lo precario el libro. Dejé “chongo” y espero que pase. Vamos a dejar “travesti” también. Yo había puesto “tranvestite”, y lo odiaba, y la editora me sugirió que dejáramos “travesti” así, en español. Eso es ser traductor: encontrar soluciones y tomar elecciones.

¿Qué hicieron con los nombres de los personajes? 

Svenja Becker: La Tía Encarna se llama la Tía Encarna, como en español. María la Muda lo traduje. La Machi es La Machi, quedó así. Se pierde un poco si no sabés qué es una machi, pero es tan claro qué está haciendo, ejerce de machi. Pienso que no hace falta traducirlo. Al Brillo sí lo traduje. Hay que entender el sentido realmente. Además, suena muy bien en alemán, Der Glanz in den Augen

Joca Reiners Terron: El Brillo de los Ojos es el Brilho Dos Olhos

Signe Prøis: Tía Encarna es Tía Encarna, las chicas se llaman como en el original. Salvo El Brillo de los Ojos, que lo traduje literal: Glansen i øynene. Me arrepiento un poco de haberlo traducido. Son personajes tan fuertes que merecen su nombre propio. 

Kit Maude: Auntie Encarna, Twinkle in her Eye. No sé si en castellano es común decir “brillo de los ojos”, pero en inglés es muy común. Hay una frase coloquial en inglés que dice: “Yo conocía a tu padre cuando vos eras solo un brillo en sus ojos”. Queda perfecto. 

Camila menciona que el libro juega con el realismo mágico. ¿Existe una tradición de este movimiento en sus países? 

Svenja Becker: Lo que pasa es que la literatura de Latinoamérica que es leída en Alemania se identifica mucho con el realismo mágico. Es casi un sinónimo. Acá, el realismo mágico es algo idílico, algo que más o menos enriquece la vida cotidiana, es más bien floral. El realismo de Camila no me parece tan idílico, para nada. La mujer que se convierte en pájaro es más bien una manera de escaparse o de transformarse para no tener que aguantar más. Es distinta de la percepción que se tiene acá de realismo mágico en general. No me gusta mucho ese exotismo que hay acá de vez en cuando sobre la literatura latinoamericana. 

Kit Maude: En verdad, se volvió medio cliché que los escritores latinoamericanos provean realismo mágico, si no, para la gente no es latinoamericano. En este caso, no sé si lo van a describir así. Lo van a entender como parte de una cultura muy específica y un modo de expresar cosas que no se pueden expresar de otra manera. Este libro es impuro, ponele. Hay una impureza muy fuerte en esas imágenes. María la Muda, cuando le salen plumas, lo primero que piensa es que no va a poder trabajar como prostituta. Muestra las plumas y hay sangre. Hay algo muy de la tierra, muy crudo. 

La repetición del “travestis” entra dentro de la proclama de la comunidad LGBT+ de que lo que no se nombra no existe. Las malas está acá para existir. Una pregunta que me hacía es qué es lo que no puede dejar de nombrarse del universo de Las malas.

Svenja Becker: Hay un grito dentro de ese libro. Todas las figuras que aparecen en el libro exigen ser tratadas con dignidad. Seres dignos de participar como iguales en la sociedad. Eso me parece lo más importante. Pero “lo que no se nombra no existe” roza también un problema de traducción que con Las malas es fundamental, ya que en alemán no existe una palabra para las travestis. Eso es realmente un problema que no puedo resolverlo yo con una traducción. 

Joca Reiners Terron: La violencia, el desprecio, la persecución de los vecinos, de la sociedad, de los buenos, de los burgueses. Creo que todo eso se traduce en la violencia. Hay una melancolía, una tristeza muy grande, una soledad inabarcable. Que Camila use el fantástico para amenizar… Cuando la historia se acerca a lo insoportable, a lo terrible, entra el fantástico. 

Nikolina Zidek: Nada de ese universo puede dejar de nombrarse desde su experiencia. Hasta las palabras que usa la sociedad para referirse a ellas, para humillarlas. Hay que prestar mucha atención a los registros que se usan en ello: no usar eufemismos o palabras cultas ni intentar suavizar las palabras, porque de eso se trata, de la crueldad diaria que viven.

Paola Lucantis: Creo que hay algo que es muy valioso en toda esa vida difícil y en todo ese sufrir de la vida de las travestis, y esa mirada cínica de la sociedad. Son como la parte de la furia. Yo creo que Las malas es un colectivo, un grupo, que a pesar de una existencia hipercompleja, por un montón de circunstancias, logra salvarse, y logra tener un espacio donde los lazos y los vínculos son lo más importante. Es una celebración. A partir de esos vínculos, ellas reivindican su identidad. Es uno de esos libros que a lo mejor no son propios, pero sí son propios de otras heridas. “Travesti”, para un argentino y para las travestis, es una palabra reivindicatoria de su condición y es positiva. En muchos países, “travesti” tiene una connotación negativa. Me parece que eso tiene que ver con las realidades, y cómo las sociedades o las mismas travestis se han plantado frente a la sociedad con su propio lenguaje.